miércoles, 31 de marzo de 2010

Dolor de ideas

Creo que últimamente me he estado enfrentando a una de las peores crisis de productividad que he tenido en mucho tiempo. Quizá la escuela sea cada vez más exhaustiva y cuando tengo tiempo de descansar, lo único que realmente quiero hacer es eso y olvidarme de todo aquello que me rodea. Maybe the only way to heal all the wounds is by forgetting. Y gracias a este ensimismamiento, mi productividad ha decaido notablemente, al igual que mis ganas, mi energía. Lo único que quiero es dejar de pensar en todo lo que me espera el término de esta semana. Exámenes, proyectos, tareas, desilusión, cansancio, mal humor, presión, estrés. Siempre es igual y hay momentos en los que esto llega a ser demasiado cansado. Quisiera poder escapar en mis propias ficciones, porque a pesar de que estas representan un gran alivio para mi, al final me doy cuenta de que tan sólo son una falsa salida, son sólo una ficción, y a pesar de que me gustaría que esa fuera mi realidad, mi realidad me llama, me sustrae de la diégesis y me pide que viva mi propia historia en lugar de robarle la realidad a otros personajes que en verdad pertenecen a ese tan añorado mundo fantástico.

Estos son los momentos en los cuales té deja de saber tan bien, los dulces dejan de ser tan dulces, las flores dejan de ser tan bellas, la fotografía deja de plasmar la belleza, la gente deja de ser tan interesante, las letras dejan de contar historias fantásticas, la brisa deja de ser tan suave y todo deja un sabor amargo.

Quizá necesito un descanso de todo, un descanso de mí. Dejar mis pensamientos pasajeros dejen de invadir la calma a la cual me quiero arrojar.

sábado, 6 de febrero de 2010

Funes, el bibliotecario

Yo nunca tuve la oportunidad de conocer a Funes, pero un viejo amigo mío, casi mi padre, lo conoció de forma superficial. Funes es un hombre digno de ser recordado no sólo por el hecho de haber existido, de haber sido, si no también porque desempeñó un trabajo que lo consumió en vida. Él fue bibliotecario de la mítica Biblioteca de Babel. A él le pertenecía una galería hexagonal que contenía 640 tomos, los cuales estaban en riesgo de aumentar de forma indefinida. Durante su infancia, emprendió numerosos viajes al lado de su padre a aquél recóndito lugar para encontrar el catálogo de catálogos, el cual siguió buscando durante toda su estancia en el hexágono hasta el último de sus días, cuando perdió toda luz en su mirada y sabía que ya no había opción, que él moriría no lejos de su hexágono, sin haber encontrado aquel tomo al cual dedicó toda su vida, que se encontraba en aquella biblioteca que contenía todos los libros de historias posibles. Él siempre se preguntó si aquella afirmación quería decir que la biblioteca era infinita.

Funes no sólo era un bibliotecario, él era un hombre y como cualquier hombre, esto implicaba que no era perfecto, que había algo más que controlaba sus acciones. Algo más allá de nosotros. Algo que se encuentra en Babilonia, la misteriosa Compañía de Lotería, en cuyas manos residían las suertes de todos, que pendían de un fino hilo llamado azar. La Compañía jugaba el papel de demiurgo en esta biblioteca, este universo. Quizá la biblioteca misma era tan sólo una creación de la Compañía y todos en aquel universo vivían en una ficción más, cuya trama seguía siendo escrita una y otra vez… Era el aclamado eterno retorno de Nietzsche.

Yo digo que Funes, hasta un par de años antes de su muerte fue cuando realmente empezó a vivir a plenitud. Él, como cualquier individuo, vivía de manera inconsciente; miraba sin observar, oía sin escuchar, vivía de forma insustancial. Pero repentinamente, algo sucedió. Quizá fue un sorteo más de la Compañía lo que decidió sus suerte. Quizá obtuvo un boleto color carmín, en el cual se decidía que quedaría tullido después de un desafortunado suceso. Sorprendentemente, eso no lo afectó en lo más mínimo; de hecho, aquél accidente cambió algo en él. Desde entonces, había un brillo diferente, pero indudablemente espectacular, en su mirada. Desde entonces, todos sus sentidos se intensificaron. De ahí en adelante, el sendero que él seguía se bifurcó. Ahora era un Funes nuevo. Podía percibir todo lo que para los demás era imperceptible y podía recordar detalles de una manera sorprendentemente nítidas. Toda la vida que se le había escabullido hasta el momento del infortunio de pronto se concentraron de una manera muy peculiar e intensa durante sus últimos años de vida.

A pesar de que era joven (y que la juventud generalmente va de la mano de la inexperiencia), Funes, era más sabio que cualquier persona y sus conocimientos eran inigualables, inimaginables. Esta capacidad de recordar y percibir todo le ayudó a continuar con su trabajo y a seguir en su búsqueda del catálogo de catálogos (aunque al final, de todos modos falló en aquella empresa).

Muchos creían que se había vuelto loco, pero él era el único consciente de que La Compañía actúa de formas misteriosas, pero milagrosas.

En este Universo caótico, al cual Funes se refería como «hogar», bastaba que un libro existiera para que estuviera en algún estante de algún hexágono de las indefinidas galerías que existían en este lugar (o al menos eso afirmaba Funes con fervor). He de interpolar que todo en aquél lugar se podía definir con la afirmación de Galileo Galileí de que la naturaleza está scritta in lingua matematica; todas las características de la Biblioteca de Babel eran de índole matemática, tal como el azar, cuya composición es quizá una pizca de matemáticas y lógica y otra tanta de suerte.

Al morir, Funes articuló algunas palabras indescifrables, que quizá escogió al azar; yo he dedicado toda mi vida intentando darles sentido a dichas palabras y lo único que he obtenido son unos cuantos bosquejos que no me conducirán a nada. Sin embargo, yo sé que Funes había encontrado el sentido de este Universo al cual pertenecía. Después de todo, él sabía la manera en la cual actuaba la Compañía, la deidad y demiurgo; el principio activo de los gnósticos y el dios creador de los filósofos. Funes no sólo era una creación más del azar, no era una ficción más. Él era tan real como yo y como usted.

Funes murió en una tarde lluviosa de mayo 1889, con libro en latín abrazado contra su pecho, a los 21 años de edad, de una congestión pulmonar.

1905


jueves, 4 de febrero de 2010

Trabajo creativo Borgeano

Trabajo creativo: Prólogo


A quien corresponda:

Para esta narración, se utilizarán elementos (personajes, tramas, lugares, eventos) que le serán familiares a usted, el lector, pues el fin siempre ha sido satisfacer las excentricidades de su imaginación. En primer lugar, contaremos la historia de Funes, un hombre lleno de memorias, al único al que se le podría atribuir verdaderos y auténticos recuerdos. “El cronométrico Funes” nos mostrará por medio de sus ojos, unos ojos que ya han perdido toda luz, la mítica Biblioteca de Babel y el hexágono del cual era bibliotecario; nos contará acerca de su búsqueda de una vereda nueva; una historia irrepetible que sólo se encuentra en aquella biblioteca que contiene todos los libros posibles.. Todo esto, con base al testimonio de Borges.

Esta ficción tomará lugar en algún recóndito lugar de Uruguay, o quizá Argentina, Babel.

Usted como lector, podrá confiar plenamente en esta obra porque, como lo refiere Derrida, la lengua escrita será siempre más confiable. Al final, usted decidirá si esta trama, los elementos que la conforman, e incluso el autor, son tan sólo una ficción más que ha de definir e interpretar o si se encuentran fuera de la diégesis.

Esta interpolación de diferentes ficciones (o quizá realidades) Borgeanas serán narradas de forma breve pero precisa, porque como él lo refiere, no siempre una obra extensa representa una obra excelsa.

Sin más por el momento, me despido.


El autor.

04/feb/10, México.

domingo, 17 de enero de 2010

It's a new dawn, it's a new life

Subir a mi azotea con mi cámara y contemplar el cielo por mucho tiempo, mientras todas mis sensaciones son envueltas por la belleza del paisaje, es una de las cosas que más disfruto hacer.
Hoy, siguiendo mi rutina de siempre, subí a observar el movimiento de las nubes, a sentir el viento soplar sobre mi rostro y a escuchar el revoloteo de las aves.

Al llegar ahí, me di cuenta de que había algo que hace mucho no veía. El cielo estaba más despejado que nunca y aquella nata que reside sobre la ciudad desde que tengo memoria, se encontraba un tanto más disipada. Después de tantos días con un viento terrible que había estado azotando las calles, hoy por fin se podían observar las montañas que rodean la ciudad. Esto me pareció espectacular. Una imagen que hacía alegoría al dicho que dice que después de la tomenta siempre llega la calma, siempre sale el sol; después de un frío terrible, el viento que me ha estado atemorizando con el ruido que produce al golpear contra las ramas de los árboles y la lluvia sin tregua de los últimos días, por fin hubo un día de paz, en el cual, finalmente pude volver a observar el cielo. Por fin pude contemplar tímidamente al radiante sol que anunciaba un nuevo día, y ¿por qué, no? una nueva esperanza.




martes, 12 de enero de 2010

Incógnitas

¿Y qué si soy una persona banal, carente de cualquier sensación auténtica? ¿Qué si todos mis sentimientos son efímeros? ¿Y si me lo termino creyendo todo? ¿Qué si me convierto en aquel monstruo que tanto temo? ¿Habrá vuelta atrás? ¿Recuperaré algún día esos sentimientos que quedaron atrapados en un tiempo y espacio tan remoto que ya hasta me es difícil distinguirlos?

jueves, 7 de enero de 2010

100 años con los Buendía

Hace unas semanas terminé de leer Cien años de soledad, del escritor colombiano, Gabriel García Márquez. Desde entonces, quería escribir sobre el encanto con el cual el libro me envolvió a lo largo del desarrollo de la trama del mismo, pero por una u otra excusa inútil y que no afectará en nada, me vi obligada a suspender la escritura de su reseña.

Cien años de soledad es la historia completa de un lugar de carácter ficticio llamado Macondo. Nos habla desde su fundación hasta la decadencia total del mismo, esto por medio de los sucesos ocurridos a la familia de los Buendía. Los motivos principales de la historia son la alienación, el incesto, la nostalgia, la guerra, el orgullo, la decadencia. En fin esta familia tenía problemas como cada familia, aunque estos eran un tanto más peculiares.

El realismo mágico de muestra en la historia al principio y al final de la misma ¿El leitmotiv? Una cola de puerco que aniquila la estirpe de una de las familias fundadoras de Macondo, que pasó ahí numerosas generaciones y observó los cambios que sufrió ese pequeño lugar que buscaba el desarrollo. Un pequeño lugar en el cual la tecnología era sinónimo de desconocido y lo desconocido, de miedo, que al mismo tiempo creaba una especie de curiosidad en los habitantes cual niños pequeños que aún están en proceso de descubrir todo lo que les rodea.

Esta familia tan importante en Macondo es la responsable de numerosos sucesos que marcan su destino y el de los demás habitantes. Gracias a ellos, se logra un tremendo avance y gracias a ellos y sus genes de guerreros, Macondo cae de su apogeo y pasa a ser un lugar desconocido en el mapa, un lugar sin importancia, cuyos habitantes ya no creen en nada... Ni si quiera en la posibilidad de salir de aquel abismo que poco a poco los va volviendo locos y alienados de cualquier tipo de sociedad. Personas cansadas de sueños frustrados y tantos problemas sin solución.

Así mismo, el libro hace alegoría a diferentes partes de la Biblia, tales como la creación, mostrando a las diferentes familias arrivando a Macondo, y el diluvio, cuyo objetivo era limpiar la tierra de todas las impurezas existentes, aunque en Macondo, aquel diluvio que duró un par de años lo único que hizo fue debilitar más a sus habitantes.

La narrativa de esta historia es muy fluida. Además, el hecho de que el narrador sea omnisciente es muy importante, porque de otro modo, no habría forma de narrar la historia y mostrar las diferentes generaciones de decendientes de sangre de los Buendía.

Otro detalle importante y por el cual podemos ver claramente el realismo mágico de la historia es que se muestran sucesos ficticios que para los personajes no tienen nada de anormales.

El desenlace de la historia lo marca la deducción de los preciados pergaminos de Melquíades (que se convervaban en la casa desde la primera generación), en los cuales, se mostraba todo lo que le sucedería a cada una de las siete generaciones de los Buendía. La manera en la que moriría cada uno y cómo sería aniquilada la estirpe.

Citas favoritas:
  • "Vivían en un mundo vacío, donde la únca realidad cotidiana y eterna era el amor."
  • "El pasado es mentira, la memoria no tiene caminos de regreso; toda primavera antigua es irrecuperable y el amor más desatinado y tenaz es de todos modos una verdad efímera."
  • "El mundo habrá acabado de joderse el día en que los hombres viajen en primera clase y la literatura en el vagón de carga."
  • "Tratando de sobreponerse a la turbación, él atrapó la voz que se le fugaba, la vida que se le iba, la memoria que se le convertía en un pólipo petrificado."
  • "Apártense, vacas, que la vida es corta."
  • "Aquel acercamiento entre dos solitarios de la misma sangre estaba muy lejos de la amistad, pero les permitió a ambos sobrellevar mejor la insondable soledad que al mismo tiempo los separaba y los unía."

jueves, 3 de diciembre de 2009

Mellon Collie

Bueno, supongo que hoy por fin culminó algo que nunca empezó realmente. Quizá este sea un adiós definitivo a todo. ¿Las razones? Ni siquiera yo las sé... Lo más cerca a una explicación factible me ha parecido tan insustancial que mejor la omitiré.

Lo que más me molesta de todo es que yo creí, ilusamente, que había cierto futuro... Pero no era así. Ya todo estaba predispuesto por alguien más. Tomar las decisiones no era parte del contrato. Nada estaba en mis manos.

Mi melancolía por viejos tiempos va acrecentando en un ritmo acelerado. No logro comprender cómo es que las cosas pueden decaer a tal grado que ya nada tiene sentido (o quizá yo intentaba en vano darle un sentido que nunca logró poseer). La nostalgia invade cada célula de mi cuerpo, no lo puedo evitar; tampoco lo puedo sacar de mi organismo. Quiero dejar de dar importancia a tantas cosas. Quiero dejar de sentir este dolor. Quizá ya no quiera sentir nada, realmente.

Creí haber encontrado un hogar, pero nuevamente me encuentro sin rumbo. Este desarraigo me enloquece... Quisiera poder asentarme de una vez por todas y evitarme más penas.

He de aprender a evaluar todo lo que me concierne sin sobre o infra valorar. Me he vuelto todo un símbolo de anomia... Me he degradado, he perdido valores y normas bajo las cuales solía regirme.

Quizá todo ha sido en vano. Quizá nada de lo que digo tiene sentido... Quizá nunca hubo un futuro... Quizá soy el narrador deficiente de mi propia historia.